“Dicen que hubo un tiempo en que los leones vivian con el hombre. Jugaban juntos, viajaban juntos, eran dos especies profundamente unidas en sus destinos.
Pero un buen día, el hombre comenzó a traicionarse a sí mismo. Dejó de escuchar a su propio corazón y su olor corporal cambió.
Los leones, tremendamente nobles y sensibles no soportaban ese olor, hacía que les escociera el hocico, así pues, se alejaron del hombre.
Fue entonces que la Tierra, siempre generosa, envió a los caballos, para ayudar y ser uno con el hombre, que no está hecho para valerse  por sí mismo en la Naturaleza, pues es su esencia y destino el colaborar con el resto de las especies…
Desde entonces los caballos esperan que el humano les escuche y galope con ellos en el camino de vuelta a la libertad.”
 
Mi primera experiencia telepática ya a edad adulta fue con un león, en Namibia. Su cabeza en llamas apareció entre la maleza de repente, cuando mi vehículo pasaba lentamente a no más de tres metros de él. Su mirada se clavó en la mía y me preguntó “¿Quién eres tu?”, a lo que sorprendentemente escuché ¡en mi corazón! la contestación “No lo sé”.

Así me di cuenta de que me había perdido, pero también de que, aunque de esto no fuí consciente hasta años después, por primera vez había escuchado hablar a mi corazón.

 

© Mariví Simona (www.entrespecies.com)

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