El pasado mes de Septiembre tuve la oportunidad de conocer un lugar muy especial de nuestro planeta. En este lugar, entre la frondosa vegetación de la Mata Atlántica, hay una pequeña población alrededor de la cual se agrupan en comunidades grupos de personas conviviendo en armonía con la Naturaleza que les rodea. Algunas de estas comunidades se enfocan en la sanación a través de la energía, otras en las artes circenses, otras en la música… cada uno desarrolla aquello que le hace vibrar y entre todos luego comparten.
Durante mi estancia allí un montón de encuentros mágicos ocurrieron y pude darme cuenta de que me hallaba en uno de los lugares más alegres que he visitado nunca. Allí las plantas y los árboles emanan alegría, los animales domésticos y libres se ven claramente alegres, disfrutando de la vida, y los humanos, con un tipo de vida no tan peregrino como podamos pensar desde nuestras casas en Occidente conviven fácilmente con todas la demás especies, respetándose e irradiando también ellos alegría. Daba igual el momento del día, la ocasión o la compañía, en todo momento por los caminos de arena roja que hacen las veces de calles en ese lugar, respirabas la alegría.
El último día antes de mi partida pedí ver a Leo, el chamán de la comunidad, quería que me hablase de mi salud, mi corazón estaba comportándose de una manera extraña y había decidido ir a revisarlo nada más volver a España, pero quería también tener la opinión de Leo, le conocía y me merecía tanto respeto como a los habitantes del lugar.
Mi conversación con Leo fue larga y profunda, a veces muy personal. Esta parte de su mensaje resuena aún  con fuerza en mi:
“Somos responsables de nuestra propia alegría, es lo único que la Tierra necesita de nosotros. Debemos cultivar y cuidar nuestra alegría, permitir que siempre arrope nuestro corazón. Que esa sea tu  celebración de la vida, la manera de agradecer el maravilloso regalo que es estar aquí. 
Es lo único que todos los demás seres que nos acompañan necesitan de nosotros. 
Y la verdadera alegría se alcanza al estar en contacto con la propia esencia. Expresar la verdad que somos, iluminar con ella nuestro alrededor, nada proporciona más alegría que ser quien eres, en paz contigo mismo y con la Naturaleza.
Nadie más es responsable, solo tu eres responsable de iluminar cada día tu vida y el mundo con tu alegría”
Su mirada oscura y brillante al mismo tiempo me miraba risueña mientras le escuchaba. En ese momento un lagarto entró en el tipi en el que estábamos reunidos y se paró junto a nosotros, mirándonos y escuchando nuestros corazones. “Así está bien” dijo, y salió fuera a jugar con la tierra… nunca antes había visto un lagarto jugando… me di cuenta que estaba alegre; como todo allí, vivía su vida con alegría y así la convertía en un juego constante.
Casi nos hemos olvidado, los humanos somos también animales. Cuando recuperamos nuestra conexión con la Naturaleza y nuestra esencia nos convertimos en los seres maravillosos que hemos venido a ser, uno más con todos y con todo. Un magnífico ejemplar de la belleza que encierra la vida en este maravilloso planeta Tierra. Desde ese estado nos llega este mensaje hoy a CREA VIDA. ¡Que lo disfruteis!

 

© Mariví Simona (www.entrespecies.com)

El derecho de autor se basa en la idea de un derecho personal del autor, fundado en una forma de identidad entre el autor y su creación. El derecho moral está constituido como emanación de la persona del autor: reconoce que la obra es expresión de la persona del autor y así se le protege.

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