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Gastby llegó a mi vida y le dió la vuelta como un calcetín. Se lo agradeceré siempre.

He olvidado cómo era la vida antes de Gastby pero tengo claro que ahora reconozco mucha más vida a mi alrededor, más belleza y alegría en cualquier rincón que antes de que él llegase a mi.

No fue él quien me descubrió la capacidad de hablar con los animales, tuvo que acercarse una ballena y darme un buen meneo telepático para que comenzara a tomar conciencia de lo que ocurría y empezar a entender que, a veces, la voz en mi cabeza era masculina y profunda, llena de paz y provenía de mi perro. Desde entonces mi vida comenzó a desplegarse como un abanico y no creo que deje de hacerlo ya más.

Pero cuando Gastby comenzó a pedirme que me preparara porque estaba cansado e iba a irse un vértigo infinito se instaló en mi corazón.

Pasaba el tiempo y Gastby me enseñaba todo lo que es posible aprender sobre el proceso de muerte, sus fases, su acompañamiento y convertía su vida en una serie de lecciones magistrales que me acompañarían una vez él ya no estuviera.

“Vivir es morir a cada instante”  
“Sólo se puede tener una vida plena muriendo plenamente”
“La vida se abre como una flor de loto cuando nos rendimos al instante presente sin condiciones”

Durante un año entero Gastby estuvo muriendo, convirtiendo, a través de sus mensajes, su muerte en poesía y ofreciéndome el tiempo y la sabiduría necesaria para afrontarla.

En ese año pude observar como construía su propia muerte con mimo y paciencia, sólo me pedía respeto y aceptación, esta segunda me flaqueaba a cada rato, pero él seguía firme su camino y me mostraba que la muerte, como la vida, hermanadas, nunca se paran, pase lo que pase, caiga quien caiga… No quedaba otra que aceptar.

Descubrí que la muerte es el fruto maestro de la vida que se vive.  Que morimos tal y cómo vivimos, y en nuestra muerte se reflejan las mismas creencias que han marcado nuestra vida. Porque todo está unido y ni siquiera la muerte se separa del Todo. Entendí que se trata de un acto no tan privado y mucho más tribal de lo que siempre había pensado. Y es precisamente nuestra relación con la tribu la que da forma a nuestra muerte, que está viva y se va transformando junto con nuestras creencias y relaciones a cada momento.

Así fue como la relación que Gastby tenía conmigo y a través de mi con el resto del mundo la que dió forma a su muerte.

Desde entonces, y a través de cientos de consultas de comunicación y terapias entre animales y sus personas he ido observando este proceso, la muerte naciendo de la vida como un espejo, nuestra muerte y la de nuestros animales… Es porque ellos ya saben esto que toman el proceso de muerte con tanta naturalidad como cualquier otro periodo de la vida.

A menudo me llaman para consultas personas preocupadas por sus animales  “No sabemos si es momento ya de ayudarle a ir, no queremos que sufra” En especial la última semana que pasé con Gastby me llovieron este tipo de consultas… recuerdo cada una de ellas. En un principio lo sentí como una maldición, apenas podía con lo mío, ¿cómo iba a poder ayudar nadie más?… pero resultó que cada animal con el que contactaba me daba una pieza más, ayudándoles a colocar el corazón de su persona se colocaba el mio, me devolvían una y otra vez a la serenidad y la paz. Desde aquí, a cada uno de ellos y sus personas que les escucharon, les doy las gracias. Gracias.

Los animales no suelen hablar porque sí, no lo necesitan, comprenden bien la importancia del silencio, solo hablan cuando lo consideran necesario por la razón que sea, sin embargo sus últimos días suelen estar más charlatanes que nunca. Nos dan recados para las personas que han apreciado, nos dan consejos sobre nuestra vida para cuando ya no estén, nos responden preguntas que, curiosamente, comprendemos que teníamos solo después que se marcharon y una vez más nos maravilla su sabiduría, procuran encontrar la manera de despedirse y cerrar les relaciones que quedaron abiertas. Aunque su cuerpo esté postrado bullen de actividad a muchos otros niveles. Gastby me explicó que la muerte es uno de los momentos más importantes de la vida, dejas este plano y, como quien sale de viaje por un tiempo, lo suyo es dejar todo bien atado y cerrado, para que no interfiera allí donde vayas. Que nosotros no seamos conscientes de nuestra capacidad para recibir sus mensajes telepáticos no les impide pasar sus últimos días enviándonos toda esta información, saben que incluso inconscientemente, siempre algo nos llega. Les desgasta mucho más, claro, porque tienen que intentar esquivar nuestros bloqueos, pero eso nunca les ha echado atrás.

He observado que cuando nuestro animal empieza su proceso de muerte a menudo confundimos estos momentos de esfuerzo del animal para comunicarnos sus últimos mensajes con sufrimiento o dolor. Es normal, desde nuestro estado de desconexión la muerte no tiene sentido ni finalidad, es una puerta al vacío y no hay nada que dé más miedo que fundirse en el vacío.

Ver a través de ese filtro de miedo el proceso de muerte de nuestro animal nos crea sufrimiento, y rápido pensamos que el que sufre es él, y no nosotros acosados por nuestros miedos. Por ello a menudo se toman medidas de ayuda antes de tiempo, así lo expresan los animales.

Cuando hablas con ellos llegado el momento y les preguntas ellos saben decirte cuando realmente ha llegado su momento. No existe una fórmula que nos permita adivinarlo, cada muerte es diferente. Algunos desean hacer todo el camino por si mismos, otros necesitan resolver algunas cosas, no siempre comprensibles para nosotros, y una vez resueltas están dispuestos a recibir ayuda. Gastby me explicó que según tu energía va saliendo de este plano el cuerpo físico se siente con menos intensidad, así hay dolores que no duelen tanto mientras uno muere. Algo que no debería sonarnos tan extraño pues los humanos tendemos a utilizar esta táctica durante toda nuestra vida como vía de escape ante el dolor físico y el emocional también. Sin embargo esta táctica suele fallarnos precisamente durante el proceso de muerte, donde la repentina conciencia de lo que no nos hemos atrevido a vivir hace que nos aferremos a la vida con uñas y dientes y esta lucha no solo intensifica los dolores que podamos sentir, incluso los crea.
Con los animales el proceso sigue su flujo natural y es exactamente el contrario. Ellos no han evitado un solo instante de su vida, han estado presentes cada momento, no se arrepienten, no se avergüenzan y no les da miedo mirar al otro lado. Aceptan la muerte como han aceptado la vida, porque son lo mismo, y así no existe sufrimiento y no se empodera el dolor.

Una vez una amiga me pidió que la ayudara con un caso terrible. La perrita “favorita” de su vecina había sido atropellada, a pesar de las operaciones y cuidados veterinarios no habían podido conseguir que la perrita recuperara el control del esfinter anal por lo que eliminaba continuamente, el uso de pañales no eliminaba el olor, así que la perrita pasó de vivir en las faldas de su dueña al jardín con los perros más grandes.

Pero ella no había entendido el porqué del cambio y se colaba en la casa cada dos por tres, eso sumado a que el gasto en pañales era contínuo y aún así no se había encontrado la manera de evitar las manchas de excrementos aquí y allá. La mujer entendió de esta situación que su perrita sufría y que lo mejor era sacarla de su sufrimiento.

Mi amiga, que también comunicaba con animales como yo, había hablado con la perrita y sabía que ella no acababa de entender la situación, ella acababa de tener un accidente y necesitaba más mimos que nunca, pero no los encontraba. Era mi amiga, de profesión veterinaria, quien iba a encargarse de eutanasiar a la perrita, su vecina se lo había pedido y le había hecho saber que si no lo hacía ella lo haría otro… al menos ella la conocía y la comprendía… lo que no era capáz, porque sus emociones no la dejaban, era de conversar sobre ello con la perrita y ayudarla en lo que necesitara, a prepararse, y eso es lo que me pidió hacer a mi.

Yo no quería, de hecho no creía que pudiera porque la situación me parecía totalmente injusta y ¿cómo iba yo a hacer ver a la perrita lo contrario? Uno de los principios básicos de la ética de un comunicador es además la no manipulación; no había caso. Pero Gastby, ya en su último año, me dijo que no se trataba de eso y me pidió que aceptara el caso.

La perrita tenía tres días, el tiempo que su persona estaba dispuesta a aplazar la decisión.

Lo cierto que es que no fui yo simo Gastby quien ayudó a la perrita. Al hablar con ella me quedó claro, por si tenía alguna duda, que no era su momento. Gastby le habló del proceso que iba a vivir, pero sobre todo le trasmitió paz y amor, algo que todos los que le conocísteis sabéis que lo hacía como nadie… así transcurrieron los tres días.

Cuando mi amiga me llamó para contarme que la perrita ya se había ido me explicó que cuando fue a recogerla a casa de la dueña (quien no quiso acompañar a la perrita porque le dolía demasiado) los demás animales de la casa fueron pasando uno por uno a verla, olerla y despedirse, y cuando todos se hubieron despedido la misma perrita se acercó a mi amiga, “Ya estoy”.

“Estuvo muy tranquila, me ayudó incluso a estarlo a mi” me dijo mi amiga. La misma frase me dijo Gastby llegado su momento, levantó la cabeza, me miró a los ojos y me dijo “Ya estoy”. Acabábamos de ingresarle y le estaban haciendo pruebas, no creo que nada me haya costado más en esta vida que entrar en la habitación del veterinario y decirle “Mi perro dice que ya está. El está preparado para irse”.

Todos queríamos mucho a Gastby, Simón, el veterinario, no era menos. Me escuchó, pero decidió esperar a que llegaran los resultados de las pruebas. Así pasé dos días ingresada en la perrera junto a Gastby, acompañándole como él me había pedido, simplemente estando a su lado, procurando no pensar en mi miedo a que se fuera, en el dolor de la separación ni ninguna otra de mis miserias, simplemente estando presente “¿Acaso ya no estoy aquí?”, me decía cuando me despistaba en el dolor. Lo estaba, y yo con él.

Fueron de los días más intensos de mi vida, sin salir casi del cubil que le habían asignado, dándole Reiki que él agradecía, limpiándole cuando se hacía pis o caca encima porque apenas se podía ya mover, acariciándole, cantándole y sobretodo escuchando los mensajes que me daba para los amigos que tanto le querían, para mi… a ratos estaba ausente, en otros momentos estaba asombrosamente centrado y sereno. Yo acompañaba sus diferentes fases con colores y sonidos como él y mi amiga y maestra Paloma me habían enseñado y procuraba mantener la calma.

Su momento lo eligió él, sacó fuerzas de donde ya no había y salió del cubil directo al césped y allí se tendió. El frío de la inyección fue como una brisa suave entrando por su patita y suavemente ayudándole a salir por su ,tercer ojo. Lo vi ocurrir y quedé fascinada. Su cuerpo estaba allí, vacío, y a mi lado izquierdo sentía su energía, llena de alegría y vida, como cuando era un cachorro… casi la había olvidado.

Me costó abandonar su cuerpecito en la mesa del veterinario, su pelito seguía negro y brillante y suave, sobre una mortaja morada que le había preparado.

Durante el resto del día fui notando flujos de energía saliendo de mi cuerpo, mi corazón, mis riñones, mis dientes… él estaba recogiéndo las partes de su energía con las que había impregnado personas y lugares durante su vida. Así que procuré estar serena y bien acompañada durante ese día, dentro del estado de shock en el que me encontraba. Varios amigos me contaron después cómo les había parecido ver a Gastby aquella tarde.

“Star of Bethelem y Rescue Remedy de las esencias florales de Bach y color naranja para los que se quedan” lo llevé al pie de la letra, aunque sin ganas. Fue ya al día siguiente que comencé el duelo por la muerte de mi mejor amigo. Gastby se había ido y yo ya no iba a ser “la chica del perro negro” nunca más.

Realmente podemos elegir nuestra muerte y la de nuestros animales, aunque no precisamente en la manera en la que lo hacemos hoy en día… Podemos influir (ya lo hacemos inconscientemente) porque la vamos creando a cada instante, con la elección de nuestras creencias y miedos. Pero tal vez entrar en esto sea demasiado para nosotros por ahora, demasiado asustados con la idea de la muerte.

La mala noticia es que seamos capaces de afrontarlo o no, nuestra muerte la vamos modelando nosotros mismos a nuestra medida.

La buena noticia que da igual la cantidad de miedo que hayamos acumulado, el Universo siempre tiene aún más Amor para nosotros y todo en él conspira para que ese Amor se abra paso a través de cualquier miedo.

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© Mariví Simona (www.entrespecies.com)

El derecho de autor se basa en la idea de un derecho personal del autor, fundado en una forma de identidad entre el autor y su creación. El derecho moral está constituido como emanación de la persona del autor: reconoce que la obra es expresión de la persona del autor y así se le protege.