Era mi primer día en el trabajo de mis sueños.

Llegué a tu casa con mucha ilusión y energía. Por fin tenía la oportunidad de estar entre vosotros, los grandes felinos. ¡Cuánto había deseado estar cada día compartiendo mis momentos con vosotros!

Me acerqué con cuidado, tratando de bordear el recinto, sabía que si lo hacía de frente podrías interpretarlo como una amenaza, por lo que caminé dibujando un semicírculo y con la mirada hacia otro lado. Apliqué todos esos conocimientos teóricos que ayudan, pero que no terminan de ser suficientes si uno no está conectado con quien tiene en frente.

Allí estabas, y por fin, yo también allí, contigo.

Saqué mi cámara para inmortalizar aquel momento, ¡era fantástico! Tan… poderoso, majestuoso, inmenso, bello, ¡¡¡impresionante!!!

Mientras buscaba el mejor de los encuadres para aquella fotografía histórica te vi a través de mi objetivo y ocurrió. Comencé a sentirte…

-“Cuidado. No te acerques más.

Respétame, no soy un juego ni un entretenimiento, no soy un show ni algo que mostrar. No quiero que me saques más fotos, esa que has sacado, quédatela para ti”

En ese momento mi corazón comprendió y fue mi Ser el que repondió. Bajé mi cabeza, guardé mi teléfono y sentí el mayor de los Respetos, como jamás había sentido, por tu presencia.

Desde ese momento, cada vez que te visitaba puse mi atención en sentirte para no invadir tu espacio, haciendo mis labores, cuidándote, con respeto.  

Haberte conocido ha sido todo un aprendizaje. Poder sentirte hoy, que ya no te visito ni puedo cuidarte, es para mí el mayor de los regalos.

Gracias por enseñarme el camino a través de tus ojos.

 

Por Davinia